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El fenómeno de Holmenkollen

En el corazón de Oslo, en pleno bullicio urbano, hay un lugar donde el espíritu del esquí de fondo reina como en ningún otro lugar.

Cuando te subes al teleférico, te encuentras rodeado de lugareños que llevan puestas sus botas de esquí nórdico y que cargan entusiasmados con sus esquís en dirección a Holmenkollen, un nombre pronunciado entre susurros de veneración por atletas de todo el mundo. 

Una vez al año, el circuito del esquí de fondo (así como el de la combinada nórdica, el del biatlón y el del salto) se cita aquí para iniciar una extenuante carrera de 50 km. Pero los deportistas no se congregan aquí solo en busca de un reto, sino por el ambiente, la tradición y la pasión que inundan cada centímetro de este emblemático lugar.

Para los noruegos, el esquí de fondo no es solo un deporte: es una forma de vida. Y ganar en Holmenkollen, especialmente frente a la afición local, con el mismísimo rey Harald V de Noruega presente, es el summum del éxito. El triunfo de Simen Krüger el año pasado fue más que una simple victoria. 

Si bien en la disciplina se alternan el esquí de skating y el esquí clásico, hay algo que jamás cambia: el fervor de los aficionados. Miles de personas acuden en masa a Holmenkollen, que se transforma en una meca de los deportes de invierno donde reinan los brindis, la alegría y la celebración. Al caminar entre la multitud, se palpa la energía que desprende, así como la sensación de camaradería que une a aficionados y atletas. La comunidad, que tanto reparte salchichas y gofres como anima a sus esquiadores favoritos, se reúne para celebrar su pasión por el esquí de fondo.  
 

Mika Vermeulen, esquiador austriaco de fondo residente en Noruega, nos cuenta su momento favorito de la carrera del año pasado, recordando el momento en que se quedó sin opciones y la reacción de la multitud: “El año pasado, después de quedarme fuera, en las dos últimas vueltas todo el mundo me ofrecía cervezas y salchichas”.

Para Vermeulen, esta carrera es muy especial, pero no solo por su rica historia, sino también por la gente. “Hay que vivirlo para entenderlo”, reflexiona, resumiendo la esencia de lo que hace que Holmenkollen sea mucho más que una competición: es una comunidad, una tradición y una experiencia absolutamente únicas. 

A quienes no estén familiarizados con este deporte, Holmenkollen les parecerá un lugar diferente y singular. Pero quienes han vivido su magia saben que es un lugar donde la historia se forja a cada zancada. Y a medida que los atletas se acercan a la pista y lo dan todo en la nieve, el espíritu del esquí de fondo sigue más vivo que nunca.